Martes, 3 de noviembre de 2009
Una promesa
Léase Juan 14.1-4
Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.
-– Juan 14.3 (NVI)
HACE años, vimos a nuestro hijo de cinco años perder su lucha por la vida. Esa pérdida ha dejado un vacío permanente en mi vida. Enfrenté una doble porción de dolor cuando pensaba en decirle a nuestra hija de seis años que su hermano había fallecido y estaba ahora en el cielo. Escogimos comunicárselo en un paraje hermoso en la cima de una colina en un campo retirado. Parecía complacida de saber que Danny ya no estaba enfermo, sino que estaba en el cielo. Miró al cielo y preguntó: «¿Está en la parte azul o en la parte blanca?».
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero a menudo medito en mi conversación con mi hija ese día. Jesús habló de que Dios proveería un lugar en los cielos para toda aquella persona que crea.
La certeza de nuestro hogar final se halla en las palabras de Jesús: «Voy a prepararles un lugar» (Juan 14. 2). Ahora comprendo que Jesús tal vez no estaba refiriéndose del todo a un lugar, sino a algo más significativo: a la promesa de que donde Él está, nosotros/as también estaremos.
Sr. Don Wallace (Arkansas, EUA)
Oración:
Oh Dios, ayúdame a confiar en la promesa de Cristo de una eternidad donde estaré sostenido por tu amor. Amén.
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PENSAMIENTO PARA EL DÍA
El lugar que Dios ha preparado para nosotros/as va a ser mejor que cualquier cosa que imaginemos.
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OREMOS:
Por los padres cuyos hijos han fallecido.